jueves, 19 de junio de 2014

Perfil profesional del docente del siglo XXII.


Este trabajo tiene como finalidad señalar las competencias o el perfil deseable del docente para el siglo XXI, teniendo en cuenta las características del entorno social, laboral, económico, cultural y lo mas importante, el factor humano. En si, necesitamos ser y formar entes integrales en todo sentido. Bienaventurado el que comienza por educarse antes de dedicarse a perfeccionar a los demás. Juan C. Abella Desarrollo Antes de comenzar a hablar sobre el perfil profesional del docente del siglo XXI, debemos comprender lo que es el docente en si: “Profesor, docente o enseñante es quien se dedica profesionalmente a la enseñanza, bien con carácter general, bien especializado en una determinada área de conocimiento, asignatura, disciplina académica, ciencia o arte. Además de la transmisión de valores, técnicas y conocimientos generales o específicos de la materia que enseña, parte de la función pedagógica del profesor consiste en facilitar el aprendizaje para que el alumno (estudiante o discente) lo alcance de la mejor manera posible” (Diccionario de ciencias, 2012). Pero ¿realmente esto es todo lo que implica ser un docente?, no, la particularidad de ser un profesor en si, es la de ser un hombre integro en todos los aspectos de su vida, tanto profesional como social. En la sociedad de hoy en día, existen necesidades a cubrir, el simple hecho de ser quienes forman a los integrantes tempranos de dicha sociedad nos convierte en ejemplos vivos de los ciudadanos que queremos tener para desarrollar las capacidades humanas en nuestro mundo.             Además, históricamente hablando, el docente había sido visto como uno de los personajes más importantes en la vida social de las personas, era tal su presencia que se les consultaba acerca de problemáticas surgidas dentro de un contexto social determinado, su intervención era tan valiosa como la del sacerdote en ese entonces, y habo acerca de unos cincuenta años atrás. Los docentes de época eran por no decir otra cosa todo logos, dominaban varios conocimientos útiles y precisos, su prestigio se basaba básicamente en su temple y convicción, la pasión pos su trabajo, eran humanistas, políticos, filósofos, científicos y porque no, hasta médicos.             También eran los encargados de formar a los profesionistas del futuro, nuestros abuelos tienen una capacidad de crítica y asombro inigualables, son cultos, atentos y todo eso lo aprendieron de sus padres y principalmente de los maestros, que valga la redundancia sus padres aprendían de estos últimos. Ellos si tenían una aceptación social como tal, su palabra era absoluta pues estaba en la razón y conocían bien las necesidades del paradigma en que se encontraban inmersos. Por otro lado, las necesidades, expectativas, exigencias y retos que tiene hoy el sistema educativo reflejan, a la vez que condicionan, las tareas que desempeñan los profesionales de la educación ya que en los nuevos programas educativos así como en las reformas que vienen a futuro solo se centran en el ámbito académico, en lo formativo, mientras que dejan de lado el factor humano, aquel que nos hace crecer de una manera mas integral, más significativa. Por lo que, una vez identificados, analizados y comprendidos estos aspectos, éstos se constituyen en ejes en torno a los cuales configurar un currículo profesional que deberán dotar de identidad y estatus social al docente. Por otra parte, este reconocimiento individual y social debe sustentarse en el desarrollo de una serie de competencias genéricas y específicas que en estos momentos se están proponiendo como fines de los nuevos planes de estudio del grado de Maestro, es aquí donde nos encontramos con la problemática ya planteada, un docente debe serlo desde el momento que inicia ejerciendo su profesión, desde la formación superior, se debe recordar que existe una diferencia entre un profesor y un maestro, no hablo pues de los grados de estudio sino de la esencia de cada concepto. Por una parte el profesor es aquella persona que transmite conocimientos, maneja estrategias de enseñanza-aprendizaje, no establece vínculos afectivos con los alumnos pues la currículo no lo permite y termina su labor al término de la jornada. Mientras que el maestro es quien aparte de enseñar disciplina y compartir conocimientos, enseña a vivir a los estudiantes, les abre un mundo nuevo de asombro y alcances ilimitados, se inmiscuye en la vida de sus aprendices para mejorar su calidad de vida y nunca deja su calidad de maestro ya sea dentro o fuera de su lugar de labor. Por lo que, debe ser el profesorado la pieza fundamental en la configuración de una escuela de calidad que dé respuestas a las necesidades de los nuevos ciudadanos y que esté acorde con la sociedad en la que se enmarca, “Los maestros nunca han formado parte de las corrientes conservadoras en la vida social. Han sido activos militantes en la lucha por el progreso” Oria, V. (2007). Aun falta mucho por realizar, un docente debería ser aquel que se convierta en el segundo padre de los alumnos, debe verse como maestro ante ellos, transmitir confianza y experiencias de vida, tener una capacidad de asombro igual o mayor a la de los niños y a su vez, una madurez propia a su edad, otra característica que debieran tener los docentes actuales es el de amar la lectura, o al menos el habito de la misma, un profesor letrado y culto genera mas controversias dentro de su círculo intelectual, propagar este gusto y habito es imperante para una formación de calidad y sin estas características no nos podemos llamar maestros. Ya que todo proceso de reforma sea bueno o malo ha de tener en cuenta a sus implicados, entre los que destacamos los docentes.             Coincido con el periódico Altablero número 47 (noviembre del 2008) cuando nos dice que “La educación contemporánea promueve la construcción de conocimiento que adquiera significación a partir de una razón de ser y de una utilidad para la vida del educando”. Pero por otra parte, la sabiduría de antaño se ha confundido con la información, este es un pecado que han cometido las generaciones presentes, y más aun porque lo han cometido quienes se hacen llamar expertos en educación: “Pobre sustituto de la sabiduría, el conocimiento. Pálido remedo de conocimiento, la información” (Olmos, 2008). Esto tiene que ver con la naturaleza de la formación de los docentes, ya no se dirige a las nuevas generaciones a desarrollar una actitud de cordialidad, de humanismo, solamente se les sugiere y a su vez se les dirige hacia una actitud de competencia, de mecanicismo, ya no somos sensibles, el docente ideal debe ser un ente sensible, lleno de ideas y criticas, un ser con voz, con libertad, debe luchar por mejorarse a si mismo y no por mejorar un sueldo o asegurar una vida de comodidades. No nos debemos olvidar de que el docente ideal debe tener las competencias que se le piden dentro del marco institucional, pero no solo el tenerlas basta, debe tener muy en cuenta que siendo este un instrumento del sistema social en que se encuentra debe trabajar para mejorarle, la educación es nuestro instrumento, una herramienta de mejora social que solo los docentes podemos manejar a ciencia cierta, hemos sido formados para este fin. De acuerdo con Isidro M. Martínez Rico (sin fecha) “Una realidad patente, es que muchos de los docentes del nivel, medio y superior de las instituciones educativas de nuestro país, no cuentan con una preparación pedagógica acorde con los cambios tecnológicos educativos para poder realmente transmitir un proceso de enseñanza-aprendizaje”. No niego entonces que existan buenos profesionistas trabajando en el área educativa, pero son precisamente ellos quienes no ostentan la capacitación necesaria para desempeñar dicho cargo, pueden ser excelentes doctores, ingenieros, políticos, mecánicos, etc. pero no tienen las características adecuadas para ser docentes frente a grupo y aun así existen en 

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