Este trabajo tiene como finalidad señalar las competencias o el perfil
deseable del docente para el siglo XXI, teniendo en cuenta las características
del entorno social, laboral, económico, cultural y lo mas importante, el factor
humano. En si, necesitamos ser y formar entes integrales en todo sentido.
Bienaventurado el que comienza por educarse antes de dedicarse a perfeccionar a
los demás. Juan C. Abella Desarrollo Antes de comenzar a hablar sobre
el perfil profesional del docente del siglo XXI, debemos comprender lo que es
el docente en si: “Profesor, docente o enseñante es quien se dedica profesionalmente a
la enseñanza, bien con carácter general, bien especializado en una
determinada área de conocimiento, asignatura, disciplina
académica, ciencia o arte. Además de la transmisión
de valores, técnicas y conocimientos generales o
específicos de la materia que enseña, parte de la
función pedagógica del profesor consiste en facilitar
el aprendizaje para que el alumno (estudiante o discente) lo
alcance de la mejor manera posible” (Diccionario de ciencias, 2012). Pero
¿realmente esto es todo lo que implica ser un docente?, no, la particularidad
de ser un profesor en si, es la de ser un hombre integro en todos los aspectos
de su vida, tanto profesional como social. En la sociedad de hoy en día,
existen necesidades a cubrir, el simple hecho de ser quienes forman a los
integrantes tempranos de dicha sociedad nos convierte en ejemplos vivos de los
ciudadanos que queremos tener para desarrollar las capacidades humanas en
nuestro
mundo.
Además, históricamente hablando, el docente había sido visto como uno de los
personajes más importantes en la vida social de las personas, era tal su
presencia que se les consultaba acerca de problemáticas surgidas dentro de un
contexto social determinado, su intervención era tan valiosa como la del
sacerdote en ese entonces, y habo acerca de unos cincuenta años atrás. Los
docentes de época eran por no decir otra cosa todo logos, dominaban varios
conocimientos útiles y precisos, su prestigio se basaba básicamente en su
temple y convicción, la pasión pos su trabajo, eran humanistas, políticos,
filósofos, científicos y porque no, hasta
médicos.
También eran los encargados de formar a los profesionistas del futuro, nuestros
abuelos tienen una capacidad de crítica y asombro inigualables, son cultos,
atentos y todo eso lo aprendieron de sus padres y principalmente de los
maestros, que valga la redundancia sus padres aprendían de estos últimos. Ellos
si tenían una aceptación social como tal, su palabra era absoluta pues estaba
en la razón y conocían bien las necesidades del paradigma en que se encontraban
inmersos. Por otro lado, las necesidades, expectativas, exigencias y retos
que tiene hoy el sistema educativo reflejan, a la vez que condicionan, las
tareas que desempeñan los profesionales de la educación ya que en los nuevos
programas educativos así como en las reformas que vienen a futuro solo se
centran en el ámbito académico, en lo formativo, mientras que dejan de lado el
factor humano, aquel que nos hace crecer de una manera mas integral, más
significativa. Por lo que, una vez identificados, analizados y comprendidos
estos aspectos, éstos se constituyen en ejes en torno a los cuales configurar
un currículo profesional que deberán dotar de identidad y estatus social al
docente. Por otra parte, este reconocimiento individual y social debe
sustentarse en el desarrollo de una serie de competencias genéricas y
específicas que en estos momentos se están proponiendo como fines de los nuevos
planes de estudio del grado de Maestro, es aquí donde nos encontramos con la
problemática ya planteada, un docente debe serlo desde el momento que inicia
ejerciendo su profesión, desde la formación superior, se debe recordar que
existe una diferencia entre un profesor y un maestro, no hablo pues de los
grados de estudio sino de la esencia de cada concepto. Por una parte el
profesor es aquella persona que transmite conocimientos, maneja estrategias de
enseñanza-aprendizaje, no establece vínculos afectivos con los alumnos pues la
currículo no lo permite y termina su labor al término de la jornada. Mientras
que el maestro es quien aparte de enseñar disciplina y compartir conocimientos,
enseña a vivir a los estudiantes, les abre un mundo nuevo de asombro y alcances
ilimitados, se inmiscuye en la vida de sus aprendices para mejorar su calidad
de vida y nunca deja su calidad de maestro ya sea dentro o fuera de su lugar de
labor. Por
lo que, debe ser el profesorado la pieza fundamental en la configuración de una
escuela de calidad que dé respuestas a las necesidades de los nuevos ciudadanos
y que esté acorde con la sociedad en la que se enmarca, “Los maestros
nunca han formado parte de las corrientes conservadoras en la vida social. Han
sido activos militantes en la lucha por el progreso” Oria, V. (2007). Aun falta
mucho por realizar, un docente debería ser aquel que se convierta en el segundo
padre de los alumnos, debe verse como maestro ante ellos, transmitir confianza
y experiencias de vida, tener una capacidad de asombro igual o mayor a la de
los niños y a su vez, una madurez propia a su edad, otra característica que
debieran tener los docentes actuales es el de amar la lectura, o al menos el
habito de la misma, un profesor letrado y culto genera mas controversias dentro
de su círculo intelectual, propagar este gusto y habito es imperante para una
formación de calidad y sin estas características no nos podemos llamar
maestros. Ya que todo proceso de reforma sea bueno o malo ha de tener en cuenta
a sus implicados, entre los que destacamos los
docentes.
Coincido con el periódico Altablero número 47 (noviembre del 2008) cuando nos
dice que “La educación contemporánea promueve la construcción de conocimiento
que adquiera significación a partir de una razón de ser y de una utilidad para
la vida del educando”. Pero por otra parte, la sabiduría de antaño se ha
confundido con la información, este es un pecado que han cometido las generaciones
presentes, y más aun porque lo han cometido quienes se hacen llamar expertos en
educación: “Pobre sustituto de la sabiduría, el conocimiento. Pálido remedo de
conocimiento, la información” (Olmos, 2008). Esto tiene que ver con la
naturaleza de la formación de los docentes, ya no se dirige a las nuevas
generaciones a desarrollar una actitud de cordialidad, de humanismo, solamente
se les sugiere y a su vez se les dirige hacia una actitud de competencia, de
mecanicismo, ya no somos sensibles, el docente ideal debe ser un ente sensible,
lleno de ideas y criticas, un ser con voz, con libertad, debe luchar por
mejorarse a si mismo y no por mejorar un sueldo o asegurar una vida de
comodidades. No nos debemos olvidar de que el docente
ideal debe tener las competencias que se le piden dentro del marco
institucional, pero no solo el tenerlas basta, debe tener muy en cuenta que
siendo este un instrumento del sistema social en que se encuentra debe trabajar
para mejorarle, la educación es nuestro instrumento, una herramienta de mejora
social que solo los docentes podemos manejar a ciencia cierta, hemos sido
formados para este fin. De acuerdo con Isidro M. Martínez Rico (sin fecha)
“Una realidad patente, es que muchos de los docentes del nivel, medio y superior
de las instituciones educativas de nuestro país, no cuentan con una preparación
pedagógica acorde con los cambios tecnológicos educativos para poder realmente
transmitir un proceso de enseñanza-aprendizaje”. No niego entonces que existan
buenos profesionistas trabajando en el área educativa, pero son precisamente
ellos quienes no ostentan la capacitación necesaria para desempeñar dicho
cargo, pueden ser excelentes doctores, ingenieros, políticos, mecánicos, etc.
pero no tienen las características adecuadas para ser docentes frente a grupo y
aun así existen en
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